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La luz que emitimos

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La bioelectrografía (también conocida actualmente como GDV, visualización por descarga de gas) es otra de las tecnologías no invasivas que permite obtener información acerca de las emisiones energéticas (electromagnéticas) que emite el ser humano.

Básicamente presenta dos diferencias respecto a la termografía infrarroja. La primera es cómo obtienen la información y la segunda el rango del espectro electromagnético que captan.

La termografía es un método directo (como el electrocardiograma) que capta la emisión de radiación infrarroja mientras que la bioelectrografía es un método indirecto (como la resonancia magnética) que capta la emisión en el rango ultra violeta. Al decir indirecto me refiero a que mide la respuesta del organismo frente a una señal externa.

Los orígenes de la bioelectrografía se remontan a la Alemania de finales del siglo XVIII en la que Lichtenberg empezó a grabar imágenes generadas por chispas eléctricas.

Más adelante Nicola Tesla demostró la aparición de una fluorescencia alrededor del cuerpo humano cuando se le conecta un circuito eléctrico. Paulatinamente se fueron desarrollando investigaciones para identificar si las imágenes obtenidas mostraban alguna relación con el estado de salud de las personas, siendo los esposos Kirlian los encargados de aportar las primeras comprensiones en torno a los campos electromagnéticos y diferentes patologías.

gdv campo energía

Aunque esta tecnología puede considerarse una evolución de la conocida cámara Kirlian, hay dos diferencias fundamentales que marcan un salto significativo entre ambas: la estabilidad de la señal que genera el dispositivo (lo que garantiza una muy baja variabilidad en los resultados) y la introducción de las tecnologías digitales que permiten el análisis computerizado de los datos obtenidos.

gdv sistemas y organos

Muestra la información energética por órganos y sistemas y la compara con los niveles de referencia (obtenidos a lo largo de años de investigación) lo que permite identificar bloqueos o carencias energéticas y evaluar el grado de somatización de las mismas.

Otro aspecto muy interesante es la posibilidad de analizar la información tanto desde el punto de vista fisiológico como psicoemocional.

Es una tecnología que complementa la termografía infrarroja pues si bien ésta última muestra la información energética a nivel superficial, la bioelectrografía mide el estado energético de la persona y la distribución de energía a través del organismo.

Ambas permiten acceder a un campo invisible de energía e información abriendo puertas de conocimiento.

Fascinante.